Las palabras me golpearon como agua helada.¿Luna dijo eso?¿Y él estuvo de acuerdo?Mis extremidades se enfriaron. Miré al hombre con el que había construido una vida, el padre de mi hijo, y sentí que algo dentro de mí se quebraba por completo.Dominic se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. Su expresión cambió. “Seraphina, lo siento… no quise…”“Voy a preparar la cena,” dije en voz baja, con una voz tan fría como el hielo. “Tú cálmate.”En la cocina, en el momento en que estuve sola, las lágrimas se desbordaron. Cayeron calientes por mis mejillas mientras cortaba verduras y removía la salsa, cada movimiento mecánico mientras mi pecho dolía. Cociné a través del dolor, sirviendo todo cuidadosamente antes de llevar la comida a la mesa.La sala permaneció vacía.Mucho tiempo después, la puerta principal se abrió. Dominic entró con nuestro hijo. El niño hacía pucheros, con la mirada fija en el suelo.“Lo siento, mami,” murmuró.Suspiré y me agaché a su altura. “Está bien. No esto
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