Una Semilla de Veneno
Durante todo el camino de regreso desde la casa de la manada, no pude dejar de pensar en las palabras del Alfa.
—Manda llamar a tu esposa.
La frase se repetía una y otra vez en mi cabeza, negándose a desaparecer sin importar cuántas veces intentara concentrarme en otra cosa. Al principio, me dije que estaba pensando demasiado en ello. Alaric era el Alfa. Podía hablar con quien quisiera. No necesitaba permiso, explicaciones ni excusas. Si quería ver a Seraphina, entonces qu