Valeria siempre ocultaba algo. Simplemente así era ella. Sonreía mientras guardaba secretos, reía mientras planeaba intrigas y besaba mientras pensaba tres pasos por delante de todos los demás. Quizá por eso me había enamorado de ella en primer lugar, y quizá también por eso ahora le tenía miedo.
Luego estaba Seraphina.
Por un breve instante, la culpa se coló en mis pensamientos al recordar que seguía en la casa de la sanadora, luchando contra una enfermedad lo bastante grave como para que la s