El Regalo
Algunas heridas no sangran. Simplemente permanecen donde están, ocultas bajo la piel, cambiando silenciosamente la forma de todo lo que las rodea.
Aquella noche, después de que Dominic me llamara barata, no lloré. Lo extraño era que quería hacerlo.
Una parte de mí deseaba ese desahogo. Las lágrimas. La ira. Los gritos. Algo lo suficientemente fuerte como para igualar el dolor que se había instalado en mi pecho. En lugar de eso, me quedé allí, en la cocina, mirando al hombre al que hab