Leonardo llegó a la mansión a las dos de la tarde.
Clara lo escuchó desde el corredor del segundo piso: el sonido del auto en la entrada, los pasos en el vestíbulo, la voz breve intercambiando algo con Elena. Luego vino el ascenso por la escalera, ese ritmo largo que él tenía cuando volvía del trabajo con la cabeza todavía atrapada en cifras, reuniones y decisiones que no terminaban al cruzar la puerta.
No subió directamente a su despacho.
Fue al salón donde Celeste seguía reunida con el asiste