La habitación azul dejó de parecer neutral el día en que Clara entendió que ningún espacio se vuelve propio solo porque otros te permitan dormir allí.
No fue una decisión ruidosa. Fue la clase de decisión que llega después de un momento pequeño: esa mañana había abierto el armario para buscar una blusa y la mano le había rozado un vestido de Isabela que el personal nunca había terminado de retirar, olvidado entre sus propias cosas como una frontera que nadie se había molestado en definir.
Lo sac