En el interior de una sala VIP de un lujoso bar en penumbras, se escuchaba el tintineo de copas de cristal al chocar. Victoria Averil bebía su vino tinto con una sonrisa que no se había borrado desde hacía varias horas. Elegante, sofisticada y llena de triunfo. Frente a ella, Mateo Roth estaba sentado mientras fumaba su cigarro, dejando que el humo espeso llenara la habitación.
Ambos seguían completamente convencidos de que su perverso plan en el restaurante de aquella noche había funcionado a