Con el rostro pegado al frío cristal de la ventana, la mirada de Olivia se clavaba en la vasta extensión del espacio exterior. Una oleada de emoción abrumadora la invadió, y sintió que las lágrimas le punzaban en las comisuras de los ojos. Apretando un frágil vaso de agua con la mano temblorosa, sentía cómo la frustración y la ira le latían las venas. En un repentino arrebato de ira, arrojó el vaso al suelo, viéndolo romperse en innumerables pedazos. Con mano temblorosa, se echó hacia atrás el