88: No es una despedida.
Elian.
Regresamos a la vía después de que empaco lo necesario en un bolso.
—Vecino. —Toqué la puerta del hombre que siempre me ha coqueteado.
Él salió con una media sonrisa, y abrió sus ojos sorprendido ante mi presencia.
—¿Podría cuidar a mi gata hasta que vuelva? No está en casa, seguramente no tarda en regresar, querrá entrar por la puerta porque la ventana está cerrada y...
Él se inclinó hasta mi y me dio un beso de pico en la mejilla antes de que pudiese apartarme.
—D-de acuerdo... gracias