86: Cuestión de tiempo.
Ámbar.
Ahora realmente sé que Darwin no tiene ni el más mínimo ápice de empatía o amor real hacia mí. Aunque la verdad, después de todo eso, es lo que menos me duele.
Sebastian permanece allí, frente a la puerta de la habitación y yo marco el número de mi amiga. Ella no tarda en responder.
—¿Ámbar, eres tú?
—C-Carly...
Y la escucho llorar desconsoladamente mientras yo sigo sin querer llorar más.
—Á-Ámbar pensé que estabas muerta, Dios...
—Estoy... bien... —Paso mi dedo índice alrededor de la he