164: En mi propia pesadilla.
Darwin.
—¡Felicitaciones, señor presidente!
El bullicio altera mis oídos, pero puedo sentirme bien con algo. Tengo a mi esposa tomada de la mano, a mi hijo en la otra. Veo a mi padre y madre sentados al final de la sala sonriéndome, esperando por mí.
Mi pequeño hombrecillo suelta mi mano, mi esposa corre detrás de él regañándolo. Camino hasta mis padres y aunque sé que algo anda mal en todo esto, me concentro en ellos.
—Lo lograste, hijo. —Sasha me sonríe—. Eres un campeón. Digno hijo mío, ¿no,