163: No podrá detenerme.
Ámbar.
—¡Noooooooo! —grito con todas mis fuerzas mientras salgo de la camioneta.
Los ojos de Darwin, esos ojos que hace tiempo amé, se clavan en los míos. Y aunque mi corazón quiere realmente correr para abrazar a Elian, tengo que ser más inteligente ahora, así que corro directo hacia Darwin para abrazarlo, tomar su arma y tirarla lejos.
Él se desvanece de rodillas, arrastrándome consigo, llorando como jamás lo he visto. Me parte el corazón, sí, pero solo porque tengo pena por él, no porque hay