162: Destinado a perder.
Darwin.
Años atrás.
—Mamá... ¿estás bien? —le preguntaba.
—Cariño, llegaste —se sorprendió—. No, no pasa nada yo... —respondió, y por un momento se quedó viéndome a los ojos, entonces me sentí nostálgico.
Entendí que algo pasaba, ella nunca lloraba al menos que alguno en casa estuviese enfermo y sabía que ninguno lo estaba en ese momento, tenía dieciséis, no era tonto.
— ¿Qué fue lo que te hizo Sasha?
—Nada, hijo. Todo está bien.
—No te creo.
—No tienes que —alzó la voz—. ¡Vete a tu cuarto!
—M