En medio de la noche, un fuerte estruendo despertó a Alejandro. Se incorporó bruscamente, con el corazón latiéndole en la garganta. Miró a su lado, allí estaba Mariela, su esposa, dormida y desnuda entre las sábanas revueltas. La observó unos segundos. A pesar de todo, seguía resultandole hermosa. Pero algo en él ya no respondía igual.
Se levantó con cuidado. Ya había amanecido y la lluvia persistía contra los ventanales. Pensó en pasar por la casa de su padre para buscar algo de ropa, dejarla