Todo estaba listo. El despliegue de camionetas negras y guardias armados era monumental. La seguridad en los alrededores de la mansión había sido reforzada al máximo. Cuando las enormes puertas de hierro se abrieron, el convoy comenzó a moverse. El destino, era Pereyra.
Antonio ya había sido informado de su llegada a la mañana siguiente y discutirían los próximos pasos. Mientras tanto, Máximo , cumpliendo órdenes, llamó a Genoveva para invitarla a cenar. Ella se negó.
Cuando la noticia del i