39. Culpabilidad
Un quejido escapó de sus labios justo al instante en que abrí mis piernas, tocando mis rodillas con las sábanas, sintiendo como su dedo se iba deslizando por el largo de mis labios inferiores y finalmente hundirse a la entrada de mis paredes que lo recibieron como brazas ardiendo, esos gestos suyos es un poema completa que por más que son duros se veían tan perfectos desde la distancia en que estamos ahora mismo. Un poema que me dio ese impulso de atraerlo desde la camisa hacía mí para besar es