Capítulo 30 No sabían lo que les deparaba el futuro.
El sábado llegó, y Helena y Máximo se prepararon para la cena con Jimena. No era fácil. Había heridas que aún sanaban, recuerdos que aún dolían. Pero estaban dispuestos a intentarlo.
Cuando llegaron a la casa de Jimena, ella los recibió con una sonrisa temblorosa.
—Gracias por venir —dijo, y su voz era un susurro.
—Gracias por invitarnos —respondió Helena, con una sonrisa cortés pero sincera.
La cena fue incómoda al principio. Hubo silencios, miradas evasivas, palabras medidas. Pero poco a poco