Valentina estaba en su oficina, revisando los manuscritos que le habían enviado. Su editorial, Alba, había crecido en el último año, y ahora era una de las más respetadas del país. Pero su mayor orgullo no era el éxito profesional. Era haber ayudado a Helena a publicar su primera novela.
El libro, titulado "La mujer que dejó de ser invisible", había sido un éxito rotundo. Las críticas lo alababan, y los lectores se habían identificado con la historia de una mujer que se liberaba de una relación