Helena entró en la mansión con la foto apretada en su puño y el corazón latiendo con fuerza. Sus pasos resonaron en el mármol mientras subía las escaleras hacia la habitación de Máximo. No llamó. Abrió la puerta de golpe y lo encontró sentado en la cama, con el teléfono en la mano y una expresión de sorpresa en el rostro.
—Helena, ¿qué pasa? —preguntó, poniéndose de pie al ver su expresión.
Ella no respondió. Se acercó a él y le extendió la foto sin decir una palabra.
Máximo la tomó, y su rostro