—¿Vamos a almorzar juntos? —Daniele se topó a medio camino con su hermano menor, quien lo invitaba a comer.
—Lo siento—iba distraído, con un solo destino en mente—, tengo que ir con Chiara y Dav. Almorzaremos juntos. —Le dio dos besos a su hermano y después casi corrió hacia el ascensor.
“¡Iré! No pienso cambiar de opinión.”
Después de casi media hora pensando en ella y descartando que se tratase de un ataque de celos, Daniele decidió convencerse de que era por la seguridad de los dos, ella y de su hijo, no le parecía muy apropiado que un vecino la invitara a un almuerzo cuando ella solo era una recién llegada.
¡¿Y por qué aceptaba?!
“No entiendo como puede tener tanta confianza en la gente. ¿Entrar a su casa a un almuerzo? ¡Es un desconocido!”
Ya no lo sería, él iba a conocer la cara de quien se atrevió a invitar a su mocosa a un almuerzo.
Antes de darse cuenta, ya estaba camino hacia su casa, sus manos aferradas al volante y una expresión muy seria.
—¿Soy celoso? —Le hizo gracia esc