DAMIANO
Los sigo, el Fiat gris traqueteando bajo mis manos mientras mantengo la distancia, mi respiración pesada, mi furia creciendo con cada kilómetro.
Serena y Dante no tienen idea de que estoy aquí, escondido en las sombras de este coche alquilado, viéndolos reír, tocarse, burlándose de mí sin saberlo. Salen del pueblo y conducen hacia otro cercano, uno aún más pequeño, con calles adoquinadas y tiendas modestas donde nadie los reconocería. Van de compras, como si fueran una pareja normal, co