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—Qué fastidio—dijo, mirado sus manos, la pintura de sus uñas comenzaba a verse desgastada y no le daba tiempo a pintarlas, el chofer ya iba de camino al aeropuerto para buscar a su “familia”, no se podía creer que Davide los invitó, era casi como una tortura para ella, y todo un fin de semana. ¿Cómo aguantaría?

Apenas era viernes, sería un completo infierno tenerlas allí.

Llegaban a las ocho y media de la noche, a las nueve llegaba Nico y a las nueve y cuarto era la cena.

Mucha gente en casa, c
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