La noche fue espesa, el llanto de su hijo no lo dejaba pegar ojo, tampoco quería ir con ellos porque hace un par de días él y Chiara no se dirigían la palabra, ni siquiera se miraban o se cruzaban en la casa, ella sabía cuándo él estaba y él llegaba cuando ellos dormían.
Fue un día largo, cansado recién llegaba de San Francisco, casi a las cuatro de la madrugada, ahora se encontraba con que no podía dormir.
Se levantó de la cama, aproximándose a la puerta, al abrir vio la de la habitación de su