Las Amenazas Evolucionan.
El día empezó con un correo electrónico que, a primera vista, parecía rutinario. Pero algo en el encabezado, en la dirección de envío, hizo que mi corazón se acelerara.
No era un mensaje de alarma evidente, ni un aviso de deuda, ni un ataque directo; era legal, formal, impecable en su presentación.
Pero la devastación estaba en la forma en que estaba estructurado: cada palabra, cada frase, cada formato calculado para no dejar lugar a error, para golpear donde más dolía.
—Denuncia anónima presen