La Jaula.

Lo primero que noté no fue lo que Caelan decía, fue cómo lo decía.

La misma hora, la misma postura, la misma pausa exacta antes de responder.

Nos veíamos los martes, siempre en el mismo café, siempre en la mesa del fondo, siempre con la misma bebida que él pedía sin mirar la carta.

Yo había sido quien propuso ese lugar, convencida de que la constancia podía devolverle algo parecido a un ancla. Ahora entendía que la constancia no siempre libera.

A veces encaja.

—Estoy bien —dijo, como siempre—.
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP