El Espejo.
Volví a ver a Lina porque, según Dorian, no había razón para evitarla.
—Huir de la gente solo porque incomoda es una forma de darle poder —me dijo—. Y Lina no lo tiene.
La forma en que lo dijo fue importante.
No despectiva, no alarmista, razonable. Yo ya había aprendido a identificar ese tono: el que hacía que mis decisiones parecieran maduras, equilibradas, inevitables.
Acepté encontrarme con ella una semana después del hospital.
Un café cerca del archivo público, de esos lugares impersonales