Lo que no se Permite Sentir.
No fue frente a nadie, no fue en el momento correcto, no fue cuando habría resultado narrativamente limpio.
Fue en la cocina, pasada la medianoche, con la luz apagada y el sonido del refrigerador marcando un ritmo insoportablemente regular.
Noah dormía, todo estaba en su lugar. Y yo, por primera vez en semanas, no.
El colapso no llegó como un golpe, llegó como una rendición lenta.
Me apoyé en la mesada porque sentí que el cuerpo ya no estaba dispuesto a sostenerme solo. La respiración se me vol