Fracturas Visibles.
La primera vez que vi al Consejo fracturarse no fue por un grito ni por una acusación abierta. Fue por la forma en que dejaron de mirarse entre ellos.
La unidad que durante años había funcionado como fachada impecable comenzó a resquebrajarse en pequeños gestos: manos que no se entrelazaban sobre la mesa, miradas que se desviaban antes de sostenerse, silencios que no eran estratégicos sino incómodos.
Esa mañana comprendí que la presión ya no era una fuerza silenciosa que operaba en las sombras;