El Reencuentro.
La primera señal no es su rostro, es la pausa. Sucede en mitad de una conversación que no exige pausas, en un punto del diálogo donde la continuidad debería fluir con la misma facilidad con la que se desliza el vino en las copas de cristal tallado.
Estoy de pie junto a una mesa cubierta con lino marfil, escuchando a alguien hablar sobre inversiones, o tal vez sobre arte, o sobre ambos, porque en estos espacios la diferencia rara vez importa, cuando algo en el ritmo del ambiente se altera lo suf