El Acosador.
El día había empezado mal. Lo había sentido incluso antes de abrir los ojos: un silencio demasiado denso en la habitación, esa clase de silencio que uno reconocía como una advertencia, como si la casa respirara distinto.
No era una alarma concreta, solo esa sensación irracional de que algo estaba fuera de lugar. Pero todo se volvió real cuando vi al hombre.
No debería haberme detenido, lo sé.
Debería haber seguido caminando, haber actuado como si nada, pero mi cuerpo se congeló por completo al