Círculo Cerrado.
Cerrar la puerta de casa dejó de ser un gesto automático. Antes era un sonido cotidiano: metal contra marco, un clic breve, definitivo. Ahora era un acto consciente.
Una decisión. Un límite que necesitaba comprobarse dos veces, como si la seguridad dependiera no del cerrojo, sino de mi atención.
Nora fue la primera en notarlo.
—¿Quieres que revise las ventanas? —preguntó, sin dramatismo, como si lo hiciera todos los días.
Asentí.
Noah estaba en el sofá, con las piernas recogidas contra el pecho