El Tablero se Mueve.
El problema de creer que tienes el control es que, cuando el tablero se mueve, tardas demasiado en aceptar que no fuiste tú quien empujó la pieza.
Esa mañana, mientras me vestía frente al espejo, entendí que ya no estaba reaccionando: estaba tomando decisiones. No todas eran seguras. Algunas eran, incluso, peligrosas. Pero quedarse quieta se había vuelto una forma lenta de perderlo todo.
Nora estaba en la cocina con Noah. No hablaban mucho. No hacía falta. Habían construido una rutina silencios