―¡¿Es en serio?! ―Explotó Isla incrédula. ―¿Por qué no puedes dejarme la vida en paz? ¿Por qué después de destrozarme todavía tienes la osadía de extorsionarme y arruinar mi vida por segunda vez? ―Ella estaba furiosa, no lo comprendía. ―¿Qué quieres conmigo?
―Cuida muy bien como me hablas. ―El arma apuntándole la dejó paralizada. ―No creas que puedes hablarme como te da la gana y no tener un castigo por eso. ―Se acercó a ella. ―Tú no puedes ser feliz, no si es con otro hombre que no sea yo. ―Is