— Ya estamos llegando al hospital, pero hablemos, no te vuelvas a desmayar… mírame Eva, háblame…
Henry le apartaba con amor el pelo sudado que se arremolinaba en su frente, preguntándole cualquier tontería para mantenerla consciente, que si bebió algo, qué hicieron mientras esperaban…
Las sirenas de los autos de la policía le pasaban por al lado camino a la mansión, pero ya no le importaba nada, solo la mujer en sus brazos, la tabla que lo mantenía a flote y en calma, en su mar turbulento y