— Henry, ¿no es mejor apagar la luz? - le preguntó con timidez acostada en la cama, recostada como él le había indicado contra las grandes almohadas del respaldar, con todo el cuerpo expuesto, temblándole a pesar de hacerse la valiente.
— ¿Por qué si te vestiste tan hermosa y sexy para mí, apagaría la luz? Quiero verte por completo – le respondió, recorriéndola como un pervertido de arriba abajo, mientras se quitaba los zapatos, las medias y el saco del traje.
Se desabrochó el chaleco, los boto