De repente, una mano pasó por su cintura y sintió el aliento del pelirrojo rozando en su cara.
Él le subió la barbilla con un dedo y bajó su cabeza poco a poco para besarla.
Helen podía escuchar incluso su nervioso corazón, latir como un tambor, golpeando su pecho, de lo nervioso que estaba.
Miró a sus ojos intensos y enamorados, sin embargo, ella no sentía absolutamente nada.
Tenerlo tan cerca solo la estaba sofocando y Helen comprendió que no podía seguirse engañando y menos seguir dándole fa