Ya era tiempo de avanzar y no quedarse más estancada en el pasado.
En lo que Helen se iba con sus amigos al yate privado de Phil, George bajaba las escaleras y salía al primer piso del restaurante como un alma perseguida por demonios.
— ¡George, espera, George! – Catherine lo llamaba caminando apresuradamente por acera, en camino al estacionamiento – Si no te detienes ahora, esto se acabó.
Lo amenazó como siempre, esperando que surtiera el mismo efecto de volverlo más dócil, pero la futura duq