— Hola, Señorita Alonso, me alegro de que haya regresado bien de su viaje.
— Por supuesto, vine a buscar a mi esposa, la Sra. Edwards— y el apuesto hombre rubio, parado en sus 1.92 cm, con un impecable traje hecho a la medida azul marino, que resaltaba sus hermosos ojos grises, miraba fijo a una de las mujeres que se encontraban en la reunión.
¿El señor Edwards no era un pobre minusválido gruñón en silla de ruedas, de dónde salió este Adonis baja bragas?
— ¿Esposa? – Mildrey no podía procesar l