— ¡Claro, claro, mira mi cabeza, disculpa, es que no lo esperábamos! - enseguida se puso a sacar un manojo de llaves del bolsillo y se apresuró a abrir la enorme reja, que chirrió de forma espeluznante cuando se abrió finalmente.
— Lisa se va a morir de la alegría cuando lo vea, Señorito, no importa lo que haya sucedido, nos alegra tenerlo de vuelta – el hombre, con los ojos rojos, abrazó a Henry con la confianza que le daba el haberlo conocido desde bebé.
Pocas personas podían, desde antes, ac