Y llegó al punto más intenso cuando el hombre giró a la doncella contra el árbol, le subió toda la falda hasta la cintura y comenzó a penetrarla desde atrás.
La mujer gritaba perdida en el placer y el hombre la agarraba por las caderas, resoplando agitado, mientras su pene salía y entraba del abierto coño lleno de fluido de los dos.
— ¡Mmm… me vengo, maldici0n! – escuchó gruñir al invitado mientras la mujer igual gemía, aparentando un orgasmo.
Solo que la atmósfera caliente se congeló, cuando s