Albert estaba furioso, al darse cuenta de su actitud y manoteó la bandeja para arrebatársela de las manos.
— Me parece que te crees muy importante solo por haberte casado con el idiota de mi primo – caminó hacia ella y la acorraló contra la pared.
— ¿Piensas que porque nadie te ha molestado estos días estás a salvo? ¿Qué me he olvidado de tu rechazo? – la tomó por el cabello con fuerza y la hizo levantar la cabeza.
— No eres más que una mugrosa coja asquerosa y que respire siquiera tu mismo air