— No la dejes morir, haz lo que sea necesario, pero esa mujer, tiene que salir sin un cabello dañado - George escuchó el familiar tono afilado del heredero y se preguntó de dónde sacaba la confianza para ordenarle, pero se lo cayó.
Más que nada, hacía esta locura por amor, como al parecer, Henry también se había enamorado de la hermana de Helen.
Así que George se tragó el sarcasmo en la punta de la lengua y ayudó con otro de sus hombres de confianza a poner a Henry en el asiento trasero del aut