— Sabes muy bien que todo es un compromiso hecho por el patriarca, yo no la amo, siempre mi corazón… mi corazón te ha pertenecido a …
¡PAF!
Sonó de repente una bofetada y George se asombró, llevándose la mano a la cara, sin dejar de mirar a la pequeña mujer enfurecida delante de él.
— ¡No te atrevas a decirlo, no lo digas maldit0 cobarde, porque no soporto tanta hipocresía! - le gritó Helen después de golpearlo
— ¿Crees que tus mentiras me van a seguir convenciendo, a la pobre e inocente huérfa