Nancy estaba a un lado, con el rostro desencajado y los ojos rojos de tanto llorar. Parecía estar a punto de un colapso nervioso.
Me acerqué a ella con cuidado, intentando no asustarla más de lo que ya estaba.
—Nancy, cálmate. Voy a ver a Nick y te diré cómo está en cuanto pueda, ¿de acuerdo?
Ella asintió con la cabeza, pero no dijo nada. Al lado de Nancy, su madre, con el rostro igual de preocupado, me dedicó una sonrisa débil.
Me sostuvo la mejilla con cariño y susurró:
—Él te necesita, Emm