Nick
Mi corazón aún palpitaba con fuerza, cada latido parecía una maldita reprimenda constante.
Emma se tensó al escuchar mis palabras. Vi cómo sus músculos se contrajeron y su rostro se endureció un poco.
Di un paso hacia atrás, pero ella me tomó por los hombros y antes de que pudiera procesar del todo lo que pasaba, sus ojos se dirigieron a mis labios.
Sus dedos eran cálidos, y su toque, aunque firme, tenía una suavidad que me hizo tragar saliva.
—Nick, hace falta que te saque la camisa —