La oscuridad repentina que paralizó los sentidos en esa mansión de lujo hizo que el corazón de Lucía casi se detuviera. El zumbido del panel eléctrico principal en la planta baja se apagó por completo, dejando un silencio aterrador y un ligero olor a cables quemados flotando en el aire.
—¡Mateo! —gritó Lucía, presa del pánico, mientras palpaba la oscuridad hasta que logró agarrar la manga de Mateo—. ¿Qué pasa? ¿Se fue la luz?
—Tranquila, Lucía —susurró Mateo, con voz profunda y fría—. El sistem