La pantalla del móvil de Mateo seguía encendida en ese pasillo solitario. La foto en blanco y negro de él mismo, parado cerca de los casilleros del Madrid Royale FC con cara de frustrado, sumada a ese mensaje de amenaza anónimo, se sentía como si le clavaran una aguja venenosa justo en el pecho.
—Mateo... ¿quién mandó esto? —susurró Lucía, apretando la manga de la camisa de Mateo mientras sus ojos escaneaban el pasillo que se sentía helado.
—No tengo idea. Pero estoy seguro de que es alguien d