Mundo ficciónIniciar sesiónEl aroma a perfume caro, la decoración de terciopelo rojo y los destellos de las lámparas de cristal que colgaban del techo del Grand Hotel de Madrid no servían de nada para calmar a Lucía Vega. Al contrario, sentía que la estaban llevando directo al matadero.
Detrás del escenario que había montado el equipo del Madrid Royale FC, Lucía no dejaba de retorcerse las manos, que de pronto estaban heladas. Afuera, el murmullo de cientos de periodistas de los medios deportivos y de espectáculos más importantes de España sonaba como un enjambre de abejas listas para atacar. La conferencia de prensa improvisada estaba programada para las diez en punto, y el reloj digital en la pared marcaba que solo faltaban dos minutos.
—¿Puedes dejar de apretar tanto el vestido? Vas a hacer que el diseñador que nos patrocina se ponga a llorar en un rincón si arrugas la tela —soltó una voz grave, tan familiar como insoportable, rompiendo la concentración de Lucía.
Lucía giró la cabeza y vio a Mateo Torres de pie a un metro de ella. El delantero estrella lucía increíblemente guapo con un traje azul marino hecho a medida que le quedaba perfecto. Su pelo, que en el campo siempre llevaba hecho un desastre, ahora estaba peinado con gomina. Cualquier persona se habría quedado embobada al verlo, pero para Lucía, detrás de esa máscara de galán seguía estando Mateo, el mismo chico pesado de siempre que se dedicaba a ensuciarle el suelo del salón en el colegio.
—Ocúpate de tu traje caro, Torres —siseó Lucía con veneno, mientras ponía su mejor sonrisa falsa para calentar los músculos de la cara—. Asegúrate de no estropear el guion que nos dio Javier anoche. Como te equivoques en una sola palabra, te juro que te saco todos los trapos sucios de cuando estábamos en el instituto delante de todos los micrófonos.
Mateo resopló y puso los ojos en blanco. —¿Que yo estropee el guion? Debería ser yo el que se preocupe por ti. El guion de Javier es tan ridículo que me dan ganas de vomitar cada vez que lo leo. ¿Un amor de juventud separado por el destino? ¡Por favor! ¿Quién escribe este drama barato?
Antes de que Lucía pudiera contestar, Javier Vargas apareció entre ellos y les dio un par de palmaditas en el hombro a ambos con cara muy seria.
—Se nos acaba el tiempo. Acuérdense, el objetivo de hoy es tranquilizar a los directivos de Vitality Milk que están viendo esto desde la central. El público tiene que creer que la foto en el parque no fue planeada, sino un reencuentro romántico por culpa del destino. Lucía, tú eres una influencer top con tres millones de seguidores y tu reputación al frente de ese orfanato es nuestra mejor arma. La gente te adora, úsalo para tapar la arrogancia del tipo que tienes al lado —susurró Javier dándoles las últimas instrucciones.
Después, Javier miró a Mateo con cara de pocos amigos. —Y tú, Mateo, controla tu mirada. Mira a Lucía como si fuera la única mujer en la faz de la tierra. ¿Entendido?
—Lo que digas —murmuró Mateo con sarcasmo.
Las puertas doradas que daban al salón de baile se abrieron de golpe. En cuanto pusieron un pie en la alfombra roja, una lluvia de flashes les cayó encima sin piedad.
¡CLIC! ¡CLIC! ¡CLIC!
El sonido de las cámaras profesionales se mezclaba, creando una luz blanca que deslumbraba.
Lucía aguantó la respiración por un segundo, pero su instinto de profesional acostumbrada a las cámaras tomó el control. En un instante, cambió por completo. Su sonrisa se volvió elegante, sus ojos brillaron y empezó a saludar con una suavidad que encantaba a cualquiera.
A su lado, Mateo lucía su sonrisa de estrella, esa que pone cuando marca un gol al final de un partido importante. Con un movimiento que parecía natural y protector, rodeó la cintura de Lucía con su brazo y la guió hacia la mesa principal, llena de micrófonos de todos los medios.
Pero, detrás de tanta cercanía para las cámaras, la realidad era cualquier cosa menos romántica.
—Sube un poco más la mano, Torres. Me estás apretando las costillas —susurró Lucía sin dejar de sonreír, mientras caminaba al compás de Mateo.
—Cállate y camina, Vega. Si suelto la mano, Javier me va a recortar el bonus de este mes —contestó Mateo apretando los dientes, aunque seguía sonriendo a las cámaras de la izquierda.
Por fin se sentaron. En medio de los dos estaba Javier Vargas, representando a la directiva y haciendo de moderador. Cientos de periodistas se pusieron rectos, listos con bolígrafos y tablets para soltar las preguntas más venenosas.
Javier carraspeó y acercó el micrófono. Buenos días a todos.
—Gracias por venir a esta conferencia de prensa improvisada. Sabemos que en las últimas veinticuatro horas ha habido muchas especulaciones sobre Mateo Torres, tanto por lo que pasó en el estadio como por la foto que circuló ayer en el parque de El Retiro. Hoy estamos aquí para aclarar las cosas y compartir una buena noticia que Mateo y su pareja habían mantenido en secreto.
La palabra pareja provocó un alboroto entre los periodistas. Una reportera de un programa de cotilleos levantó la mano y habló en cuanto Javier le dio paso.
—Señorita Lucía Vega, usted es una influencer muy conocida y respetada por su labor en el orfanato. ¿Cómo es posible que esté saliendo con Mateo Torres, un atleta que acaba de ser criticado por tratar mal a un niño? ¿Acaso esto no es más que una cortina de humo para salvar su carrera?
La pregunta fue como un disparo directo al corazón del asunto.
Lucía mantuvo la calma. Como alguien que se hizo a sí misma en el mundo digital, ya estaba acostumbrada a comentarios mucho peores. Respiró hondo, se inclinó hacia adelante y encendió su micrófono.
—Gracias por la pregunta —dijo Lucía con una voz dulce, melodiosa y llena de seguridad—. Entiendo perfectamente por qué la gente está sorprendida y hasta decepcionada por el video. Pero, como la persona que mejor conoce a Mateo fuera del campo, les aseguro que lo que se vio en esos pocos segundos no es él. Ese día, Mateo estaba bajo una presión increíble después del partido y se sentía muy mal por no haber podido dar lo mejor de sí para los fans.
Lucía hizo una pausa y miró a Mateo con ojos tiernos y llenos de comprensión; una actuación digna de un Oscar.
—Sobre nuestra relación... esto no es ninguna cortina de humo —siguió Lucía bajando la voz, como si estuviera contando un secreto—. Mucha gente no sabe que Mateo y yo fuimos compañeros en el instituto. Cuando éramos adolescentes, hubo algo entre nosotros; podríamos decir que fuimos el primer amor del otro.
Al escuchar lo de primer amor, la sala se quedó en silencio. Los periodistas escuchaban hipnotizados por la historia que estaban inventando.
—Sin embargo, debido a que su carrera en el fútbol despegó muy rápido y yo estaba muy ocupada, el destino nos separó por mucho tiempo.
—Perdimos el contacto —dijo Lucía, haciendo una pausa antes de poner su mano sobre la mesa y tocar el dorso de la mano de Mateo con intención—. Nuestro encuentro en el parque ayer fue el destino volviéndonos a reunir. Cuando Mateo me vio con los niños de la fundación, todo ese cariño que había guardado volvió a salir. Se arrodilló, pero no para las cámaras, sino porque quería ser parte de mi mundo, tal como yo siempre he apoyado el suyo desde lejos.
Por dentro, Lucía tenía ganas de tirarse sus propios tacones a la cara por decir una cursilería así. Pero tenía que aguantarse por el alquiler del terreno de su fundación.
Mateo, al oír el discurso de Lucía, se quedó helado un momento. No esperaba que esa mujer tan estricta que solía castigarlo pudiera inventarse una mentira tan fluida y convincente delante de todo el mundo....
Al darse cuenta de que le tocaba hablar, Mateo tomó el micrófono y apretó con suavidad la mano de Lucía sobre la mesa, un gesto ensayado según su guion.
—Lo que dice Lucía es verdad —soltó Mateo, cambiando su tono a uno más grave y emocional, como si fuera un hombre arrepentido por amor—. Admito que lo que hice anoche en el estadio fue un error grave, y le pido perdón desde lo más profundo de mi corazón a ese chico y a toda España. Perdí los papeles. Pero tener a Lucía de vuelta en mi vida ha sido como un recordatorio. Ella es mi ancla, la que siempre me ayuda a mantener los pies en la tierra.
Mateo miraba a Lucía fijamente a los ojos. Desde fuera, parecía la mirada de un hombre locamente enamorado. Pero bajo la mesa, la situación era otra.
¡CRACK!







