—Elena, escúchame, muy bien necesitamos hablar con calma, pero siempre estás con una actitud de total impaciencia.
Silvio la miraba con una mezcla de vergüenza y frustración total.
—Sé que puedes haberte sentido muy ofendida, y estoy haciendo todo lo posible para compensarlo, pero tus acciones también deben tener un límite, basta con todas estas tonterías, ya es suficiente.
Elena frunció el ceño, llena por completo de confusión. —¿Basta? ¿Qué es lo que ya es suficiente? ¿Qué compensación me ha