A la mañana siguiente, cuando Elena despertó, Silvio ya se había levantado. Miró en ese momento la hora y vio que ya eran poco más de las nueve, se asustó un poco y se levantó de la cama en un respingo.
Bajó las escaleras y encontró a Silvio solo en la sala. Confundida al verlo, le preguntó: —¿Y mi mamá?
—Ya se fue.
Silvio dejó la revista que tenía en las manos, de inmediato la tomó de la mano y la llevó a la mesa del comedor, donde le sirvió el desayuno que había preparado.
El ver cómo él la at